Entrevista al Dr. Marcos Aceituno, nombrado decano de la Facultad de Teología de Cataluña para el trienio 2026-2029
Dr. Marcos Aceituno: "Nuestra humanidad necesita la brújula que representa la fe, la experiencia y la caridad, para poder llegar a nuestra meta plena"
El 18 de febrero se hizo oficial el nombramiento del Dr. Marcos Aceituno Donoso como decano de la Facultad de Teología de Cataluña para el trienio 2026-2029. El Dr. Marcos Aceituno tiene 44 años. Es presbítero del Obispado de Terrassa, profesor estable ordinario de la Facultad de Teología, jefe del Departamento de Sagrada Escritura y director de la Revista Catalana de Teología. Sucede en el cargo al Dr. Daniel Palau, que desde el pasado mes de julio es el nuevo obispo de Lleida.
¿Qué significa para ti ese nombramiento? Más trabajo, más responsabilidades...
Mira, pues, efectivamente, sí que habrá más responsabilidad, más tareas, compartidas, obviamente, con los demás miembros de nuestro claustro. Es sobre todo un acto de confianza de los miembros del claustro del profesorado de la Facultad de Teología. Han pensado en mí para poder continuar nuestra labor con un espíritu de servicio, de servicio en el Evangelio, a Nuestro Señor, en la Iglesia, y también en la sociedad de nuestro mundo contemporáneo, que necesita de la proposición del Evangelio, del misterio de Dios y de la vida cristiana, viviendo y teniendo en cuenta que el amor de Dios es central en nuestra vida, y nuestro Señor, es nuestro Señor.
¿Qué retos te propones para ese trienio?
Las iglesias de nuestro territorio quisieron crear esta plataforma de profundización teológica, de reflexión cristiana, seria, profunda, a la vez que, como se ha entendido, y la vivimos así, como un espacio para poder ofrecer la propuesta del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo en nuestro mundo contemporáneo, asumiendo los retos contemporáneos que ello. Por tanto, obviamente, seguimos un trabajo... que ya se ha hecho desde hace tantas décadas.
¿Tienes algún Maestro, algún profesor o sacerdote de referencia?
Esta pregunta me hace pensar espontáneamente en los profesores que han sido decanos. Yo empecé a estudiar Teología aquí, en la casa, en la Facultad, cuando era decano Mn. Joan Busquets, cuando me estaba preparando para ser presbítero para la diócesis de Terrassa. También, de modo especial, recuerdo a Mn. Armand Puig, que también lo ha sido; Mn. Joan Planellas, después también Mn. Joan Torra, que actualmente es el rector del Ateneu; y, obviamente, Mn. Daniel Palau, actual obispo de Lleida, que con él fui vicedecano. Por tanto, estas personas son las que, de manera especial, en mi itinerario y mi biografía, no sólo personal, sino también histórica, teológica, me han marcado. Yo recibo lo que ellos han trabajado y tanto han luchado durante tanto tiempo.
¿Cómo ha sido tu camino personal y vocacional hasta dedicarte al estudio de la Teología y las Sagradas Escrituras?
La centralidad de la Palabra de Dios forma parte de mi biografía vocacional también personal. En efecto, la relación personal con Dios, Nuestro Señor, que se nos revela, se nos manifiesta en la persona de Jesús, es el alma de nuestra vida, de mi vida. Y también creo que es, digamos, el centro y el motor del estudio de la teología y, en especial, de la Sagrada Escritura. No basta sólo con conocer la letra escrita, sino también debemos ir a raer en el mensaje espiritual, dinámico; en definitiva, con la gracia de Dios, que se nos comunica por el don del Espíritu Santo.
La teología a menudo se percibe como disciplina muy académica. ¿Cómo puede ayudar el creyente de base, si puede decirse de esta manera?
Obviamente, la teología tiene una vertiente académica: es una disciplina teológica, eclesiástica, de hecho, pero esta dimensión no agota la realidad de la teología. La teología podríamos decir que tiene una vertiente sacramental. Es una realidad visible de Dios, de un Dios invisible que nos ama y que quiere comunicarse con nosotros y dialogar de corazón a corazón. Y en este diálogo, efectivamente, necesitamos de las palabras, con el punto fuerte que esto comporta, el compartir no sólo contenidos, sino también experiencia, vivencia, proyecto; en definitiva, nuestra totalidad. Y también con el reto que supone tener que asumir, que muchas veces deberemos interpretar, porque nuestras palabras son siempre pequeñas y limitadas. Dios es inmenso, pero nosotros sólo somos criaturas. Y necesitamos, obviamente, de una reflexión que nos ayude y nos guíe en este trato personal con Dios, nuestro Salvador. Y no lo hacemos solos, siempre insisto en esto. Somos miembros de la Iglesia, que es nuestra madre y maestra, y es la que nos ayuda a profundizar en ese don espiritual que supone la teología; es decir, la capacidad de poder reflexionar, pensar, hablar y compartir la salvación de Dios en la persona de Jesucristo gracias al don del Espíritu Santo, en el seno de la Iglesia y también en el seno de tantas personas; de hecho, de todos los que tenemos un anhelo de conocer a Dios y de asumir nuestra vocación plena, que es la comunión plena con Dios Nuestro Señor en la vida eterna.
¿Hay un pasaje bíblico que consideres especialmente revelador para nuestro tiempo, alguno que te acompañe, especialmente ahora como decano?
Me viene a la memoria cuando me preparé para el diaconado. En ese momento, el pasaje que escogí fue Juan, capítulo 13; concretamente, la escena del lavado de pies, que es una escena muy diaconal y que pienso que ilustra de forma muy adecuada nuestra labor y nuestro servicio. Nuestro trabajo, o nuestro trabajo, en definitiva es una expresión de esta dimensión diaconal, servicial, no sólo de la Iglesia en el mundo que peregrina a nuestra sociedad, sino también de Jesús mismo, que es servidor de Dios Padre para dar vida al mundo. Nosotros, pues, pienso que desde la teología, también en comunión con las otras disciplinas de nuestro Ateneo, tenemos este reto de transmitir esta voluntad servidora y diaconal del Hijo de Dios, que, como dice en la Escritura, él mismo también lo dice, pues ha venido a ser servidor de todos, a servir, y no utilizarse. Por tanto, insisto, el lavado de pies, de Jesús.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a las jóvenes y no tan jóvenes que se plantean estudiar teología?
Lo podría resumir en tres palabras: fe, esperanza y caridad. Dios Salvador nuestro nos ha escogido desde siempre, nos ama desde toda la eternidad, y su grandeza se ha manifestado en nosotros gracias a Jesús. Se ha hecho hombre en medio de nosotros y nos ha rescatado del pecado y nos ha conferido el don de su gracia. Este trato personal de Dios en cada uno de nosotros, y ese trato personal se traduce en un espíritu de adhesión profunda de todo nuestro ser, por medio de la fe en ese Dios que se nos manifiesta, también por el disfrute, por la alegría, por el gozo de saber, desde la esperanza, que lo que creemos es una realidad que está por venir. Dios es fiel a su palabra, a su mensaje, Salvador. Y también desde el amor, de caridad. Amor a Dios, Nuestro Señor, con todas nuestras fuerzas, y al prójimo en tanto que lo necesita. Nuestra humanidad, nuestra Iglesia y todos nosotros, en definitiva, necesitamos esa brújula, que es la fe, la experiencia y la caridad, para poder llegar a nuestra meta plena. Y, por tanto, a todas las personas jóvenes y no tan jóvenes, efectivamente, profundizar en esta realidad, pues, es un gran reto. Por tanto, hacer esperanza, caridad, como un trampolín, para profundizar en la esencia y en el misterio mismo de Dios, que es todo amor y toda luz y toda paz.
Documentadas las últimas novedades de la arquitectura pública de época visigoda en Hispania, con la colaboración del AUSP