Entrevista al Dr. Jordi Font: “La liturgia, que es el primer lugar de encuentro con Dios, permeite dar sentido a aquello que va demasiado deprisa”

El curso de Bachillerato en Liturgia es el curso inicial de los estudios del Instituto de Liturgia ad instar Facultatis, y está pensado para las personas que no tienen un Grado en Teología y quieren estudiar Liturgia, ya sea para alcanzar el Máster o para tener conocimientos básicos de liturgia.
En esta entrevista hablamos con el Dr. Jordi Font Plana, presbítero de la diócesis de Girona, que es desde hace 9 años el vicepresidente del Instituto de Liturgia ad instar facultatis.
¿Por qué existe un interés creciente por la liturgia?
Yo diría que en este momento hay dos factores que marcan. Uno es esta sensibilidad de la gente joven que busca espacios de reflexión, de silencio, y que encuentra en la liturgia todo este aspecto de misterio que les acerca más hacia Dios —y, por supuesto, también al misterio del hombre—. Por otro lado, también nos encontramos ante una sociedad muy acelerada y, por tanto, con la necesidad de buscar sentido a los cambios rápidos. La liturgia permite dar sentido a aquello que va demasiado deprisa. De ahí la importancia que se da —entre tradición y espiritualidad— a las celebraciones marcadas por el santoral y por la liturgia. La Iglesia también recoge esta pluralidad, quiere poner de relieve aquello que nos une, que es el misterio de Dios que celebramos de manera activa en la liturgia.
¿La liturgia nos acerca más a Dios?
Claro: es el primer medio. Es la fuente en la que recibimos toda la gracia de Dios y el amor de Dios, y es, al mismo tiempo, la cumbre, el símbolo hacia el que tendemos (cf. Sacrosanctum Concilium 10). Por tanto, quiere decir que también es el primer lugar de encuentro con Dios.
En Francia hay un aumento espectacular del catecumenado. Aquí lo estamos empezando a notar. ¿Por qué existe este interés por el misterio de Dios?
Yo diría que es fruto también de la famosa «ley del péndulo». Venimos de una sociedad secularizada que ha puesto la técnica en primer lugar y a la persona en el segundo. Este hecho de buscar solo la utilidad, el rendimiento, de mirar a la persona únicamente por lo que se puede obtener de ella, y no la gratuidad, el silencio... todo esto crea en la gente joven unas inquietudes. La Iglesia debe ofrecer la persona de Cristo, que se hace presente en la celebración litúrgica, por la Palabra de Dios y los signos sacramentales.
¿La visita del Papa nos está ayudando, en este sentido?
Muchísimo. Pensemos en la primera carta apostólica o encíclica, que habla sobre la inteligencia artificial, pone a la persona humana por encima de todo, a la humanidad. Yo diría que todos los medios técnicos son buenos o malos, depende del uso que hagamos de ellos, pero deben estar al servicio del hombre. Y en este sentido nos ayuda mucho porque esto también es, en cierta manera, lo que la Iglesia busca en la liturgia: poner a Dios en primer lugar y, a partir de Dios, al hombre, ya que el hombre encuentra su identidad en Dios.
El joven actualmente se está encontrando vacío en la sociedad de consumo, le está angustiando de tal manera que necesita espacios de silencio para detenerse, valorar las cosas importantes y apreciar el tiempo de una manera nueva. En este sentido, ¿cómo puede ayudarle la liturgia?
Yo diría que en dos aspectos, y aquí también nos ayuda mucho la nota del episcopado español, de la Comisión para la Doctrina de la Fe, Cor ad cor loquitur, en la que habla sobre el papel de las emociones, de los sentimientos, que a menudo los jóvenes buscan en la liturgia. Diría, sin embargo, dos aspectos importantes: uno, la liturgia, que no debe aislarnos de la comunidad eclesial; por tanto, toda esta sensibilidad de los jóvenes debemos saber canalizarla para llevarlos, acercarlos más a la comunidad más amplia que es la Iglesia. Y el otro aspecto es el aspecto ético. Otro aspecto es que la liturgia no tiene una función concreta, es como la belleza: por eso hay que identificarse con Cristo, pero con Cristo que se manifiesta a través de la caridad. Por tanto, la liturgia es fuente también de la caridad.
¿La liturgia bien celebrada ayuda a abrirse a lo trascendente?
Por supuesto. ¡Claro que sí! Bien celebrada, lo que quiere decir que, en cierta manera, está abierta al Misterio que encontramos en los mismos textos litúrgicos y en los ritos. Por tanto, yo recordaría el término que Benedicto XVI —como cardenal Ratzinger— ya utilizó, ars celebrandi, y recuperó como esta manera de celebrar el arte de las artes, que es la manera de celebrar con dignidad y aquello que llaman con una cierta bondad, verdad y, también, belleza.
En el Instituto de Liturgia ofrecéis el curso inicial del bachillerato en liturgia. ¿Puede acceder cualquier persona, sin tener una formación previa?
El bachillerato está pensado para dos niveles. En principio, puede acceder todo aquel que no tiene un Grado en Teología; por tanto, que no ha cursado el quinto año de Teología. Si haces el bachillerato en Liturgia después puedes cursar la licenciatura; por tanto, el máster. También puedes cursarlo para tener una formación básica que te permita vivir la liturgia y la vida cristiana con un cierto conocimiento. Es importante para las personas que ejercen algún ministerio en las celebraciones: lectores, acólitos, equipos de liturgia, cantores, músicos...
Para que la liturgia realmente nos cambie necesitamos formación, y por eso estudiar el Bachillerato en Liturgia es el camino... ¿Es la vía para vivirla?
Sí, esa es la idea del papa Francisco, que plasmó en la carta Desiderio desideravi, una carta muy breve, pero muy interesante, que habla de la formación para la liturgia de todo el Pueblo de Dios. Él habla de dos términos (cf. Dd, 343): formarse para la liturgia, que sería el aspecto más académico o más formativo, o de lectura. Y formarse desde la Liturgia, ya que te estás formando por la liturgia, cuando participas de la celebración de manera activa y consciente de este Misterio te forma. El Espíritu Santo, principal actor del acto litúrgico, por medio de los textos y de los ritos, te va dando forma como persona cristiana.
Ahora que la menciona, Desiderio desideravi es la carta en la que el papa Francisco subraya la importancia de la formación litúrgica. Dice que ante un cierto desconcierto o desorientación de la liturgia hace falta formación, que debemos dejarnos formar desde la liturgia. ¿Cómo lo argumenta?
Que la celebración, sobre todo la dominical, y por qué no, la diaria, con la Liturgia de las Horas y, sobre todo, con la Eucaristía. Si nosotros nos dejamos, en cierta manera, someter al Espíritu Santo, y digo «someter» a la liturgia, ya que muchas veces sometemos la liturgia a nosotros. Al contrario, nos sumamos a la acción del Espíritu Santo que actúa a través de la liturgia, en cierta manera nos vamos cristificando, como dicen bellamente algunas oraciones de postcomunión, inspiradas en san León Magno y en san Agustín, que seamos aquello que hemos comido. Es decir, aquello que hemos consumido no es solo un alimento material, sino algo que nos va cambiando, nos va dando fuerza y vamos creciendo; pues la liturgia es este alimento espiritual que, si nos dejamos, en cierta manera, impregnar, alimentarnos por ella, nos va cristificando, nos va haciendo semejantes a Cristo. Es aquello que escribe san Pablo: «ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí» (cf. Ga 2,20).
¿Qué formación básica impartís en el bachillerato en liturgia?
Son tres años y, por tanto, exige impartir materias interdisciplinares. Hay una parte de Biblia, en el primer año. Así pues, la relación Biblia-Liturgia. En un segundo año, la relación Teología-Liturgia. Por tanto, aspectos teológicos como espacios donde el pensamiento, en cierta manera, también nos ayuda a conectar con el misterio de Dios y, por tanto, con la celebración del misterio de Dios. Y, por último, un año más de Mistagogía y espiritualidad, que emanan de la teología de la liturgia y de la teología de la Eucaristía y de los Sacramentos.
Después, una vez finalizado, ¿los alumnos pueden acceder al máster o a la licenciatura?
Sí, una vez superadas unas pruebas o un examen comprensivo y presentada una cierta memoria del Trienio. Por tanto, también hay una asignatura que llamamos examen comprensivo o de síntesis. Una vez hecho esto, se ha terminado el Grado de Bachiller y, por tanto, se obtiene el título de Bachiller en Liturgia, que permite acceder al máster o licenciatura.
Los estudios de Liturgia están abiertos a todo el mundo. Recientemente hemos conocido que la mujer, como tal, tiene la posibilidad de acceder a unas becas para estudiar Liturgia...
Sí, es algo importante y un poco desconocido. El Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona ofrece una beca con el fin de favorecer la participación de las mujeres en la formación litúrgica. Pensemos que en nuestras iglesias tenemos muchas mujeres que realizan un gran servicio de preparación, de lectoras, de llevar la comunión a los enfermos... Y es una opción que ha tomado el CPL para ayudar a estas personas a disponer de ciertos recursos para poder estudiar Liturgia.
El Instituto de Liturgia ad instar Facultatis, junto con el Pontificio Instituto Litúrgico de San Anselmo de Roma, ¿son los únicos centros en los que se puede estudiar Liturgia en toda Europa?
Sí y no. Los grados de facultad solo se imparten en San Anselmo, porque concede el título en Liturgia, como Barcelona a partir de que actuamos como facultad. Pero existe otro centro, el de París, el Instituto Superior de Liturgia de París, al que le ocurre lo mismo que a nosotros en Barcelona antes: era un instituto superior para licenciatura o doctorado en Teología con una especialidad que era Liturgia, como podría ser Moral. Es un centro de titulación canónica.
La Liturgia es la punta del iceberg de muchos problemas eclesiológicos que tenemos en la Iglesia. ¿Por qué?
Este es un aspecto que actualmente está en estudio, está en observación, y el mismo papa Francisco también se dio cuenta de que muchos problemas, de divergencias comunitarias, eclesiológicas, maneras de pensar diferentes, se manifiestan en la manera de celebrar y de entender la celebración. Por eso, el Papa insistió mucho, siguiendo a Romano Guardini, en que toda reforma litúrgica, si no hay formación, nunca llegará a convertirse en una verdadera reforma. Por tanto, yo diría que hay que insistir mucho en la formación, para que la Iglesia entienda que es católica, que el aspecto comunitario es básico.
La liturgia no es una ideología, es la acción de Cristo; por tanto, quien estudia liturgia debe dejarse interpelar por los textos y la acción simbólica de la liturgia.
Sí, por la acción del Espíritu Santo. Cuando uno se reúne con los hermanos en nombre de Cristo, este está presente; cuando se proclama la Palabra de Dios, es Cristo quien habla; es decir, nuestras celebraciones litúrgicas son el lugar por excelencia del encuentro con Cristo, que continúa actuando por el Espíritu Santo en su Iglesia y, por tanto, nos vamos, en cierta manera, transformando, tomando forma a partir de lo que celebramos. Por eso, es necesaria una buena formación para la liturgia, para ser más conscientes y participativos en esta formación desde la liturgia (cf. SC 14).

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