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Entrevista al profesor Antoni Conejo (UB), ponente de la jornada de Basílicas, sobre los efectos de la destrucción de barrio de La Ribera

29 May 2026
Entrevista al profesor Antoni Conejo (UB), ponente de la jornada de Basílicas, sobre los efectos de la destrucción de barrio de La Ribera

El profesor de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona Antoni Conejo nos descubre la figura de Pere Desvilar, clave en la construcción del hospital de l’Almoina de la Ciudad de Barcelona.

Una de las ponencias que generó más interés en las Jornadas de Basílicas Históricas de Barcelona dedicadas a la desaparición de la iglesia de Santa Marta y los efectos de la construcción de la Via Laietana, celebradas los días 21 y 22 de mayo en el Ateneu Universitari Sant Pacià, fue la del profesor de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona Antoni Conejo. La dedicó al Hospital de Desvilar, de la ciudad o de Santa Marta, y la enmarcó en el contexto hospitalario barcelonés de la Edad Media.

Desde finales del siglo XI, Barcelona contaba con edificios con una función asistencial para socorrer, atender, alimentar y dar cobijo a pobres, enfermos y niños, que formaban parte de los colectivos más débiles de la ciudad. Algunos de ellos se crearon por iniciativa privada y otros dependían directamente de la Iglesia o del municipio. Este es el caso del hospital creado por el naviero barcelonés Pere Desvilar y su esposa Blanca.

¿Quién era Pere Desvilar y por qué impulsa una iniciativa como la creación del hospital?

Pere Desvilar era un personaje muy importante en la Barcelona de la Baja Edad Media, como tantos otros. Barcelona, en ese momento, estamos hablando de principios del siglo XIV, es una ciudad emergente, una ciudad con mucha actividad económica y, lógicamente, uno de los polos más importantes de esta riqueza y de este impulso en el que se encontraba la urbe era todo el mundo relacionado con el comercio marítimo y con el negocio de los barcos.

Es el caso de Pere Desvilar, que, obviamente, era uno más entre otros que se dedicaban a este negocio y que, como mucha de la gente que integraba la oligarquía de Barcelona, era capaz también de insertarse en los órganos de decisión de la propia ciudad. Por ejemplo, Pere Desvilar fue, en varias ocasiones, consejero de Barcelona. Por tanto, no era solo un acaudalado naviero, sino que, además, tenía importantes implicaciones en el gobierno de la ciudad.

¿Qué le permitía esto?

Le permitía, también, tener una idea mucho más precisa de cuáles eran las necesidades, de cuáles eran los colectivos sobre los que era necesario intervenir. Y es por ello que, en la recta final de su vida, en el año 1308, realiza una cesión de unas viviendas que eran de su propiedad al propio Consejo, unas viviendas, unas casas de su propiedad, para que pudieran destinarse al hospital. De esta manera se podría atender a un determinado colectivo, que tenía necesidad, sobre todo, de ser alimentado e incluso de pernoctar.

Así pues, ¿el Hospital dependía del municipio o de la Iglesia?

Cuando él realiza esta cesión, que, insisto, es una cesión de estas propiedades suyas, y que, por tanto, supone un cambio de uso —no sabemos qué usos tenían anteriormente—, se habla, como mínimo, de dos casas y también de un oratorio, de un espacio, digamos, dedicado a la oración y, por tanto, a la cuestión espiritual. Entonces, él hace esta cesión y se empieza a atender, en concreto, porque así lo dice el documento del año 1308, a cuatro pobres, que, además, debían formar parte o estar vinculados, de una manera u otra, con la propia familia de Desvilar. Este es un detalle muy importante. Primero, por la restricción. Estamos hablando de un grupo muy selecto, solo de cuatro personas. En segundo lugar, que, además, debían tener un vínculo de linaje con el propio fundador. Y esto es lo que nos lleva a colación, como decía, porque Pere Desvilar no tenía precisamente problemas económicos y cabe suponer que otros miembros de su familia tampoco. Pero tampoco era infrecuente que personas adineradas o personas que tenían una vida acomodada en un determinado momento, por las razones que fueran, acabaran cayendo en la pobreza. Entonces, lo que él quería era, en cierta medida, crear una red de apoyo para estos miembros de la élite barcelonesa, empezando por su propia familia, para que, si tenían dificultades económicas o una determinada situación les había llevado a una situación de penuria, pudieran ser, en este caso, socorridos en este hospital.

Pere Desvilar murió en 1311 y en su testamento amplía esos cuatro pobres que podían ser alimentados hasta la cifra de 12. Y la gestión la dejaba en manos de su hermano, que se llamaba Jaume, y así fue hasta 1321, cuando este murió. Y tan solo cuatro años después el hospital pasa a ser gestionado por la ciudad. Y esto es importante porque Pere Desvilar había dejado establecido que, una vez él o su hermano no pudieran gestionar el hospital, obligatoriamente debía gestionarlo la ciudad, pero, y esto es todavía más relevante, no podía ser administrado por ningún miembro de la Iglesia.

Me llama la atención el nombre de Hospital de la Almoina de la Ciudad. ¿Qué significado tenía el concepto de Almoina en aquella época?

En primer lugar, cuando analizamos instituciones medievales y, en este caso, de carácter asistencial, debemos tener en cuenta que las palabras podían tener un significado diferente al que pueden tener en la actualidad. Por ejemplo, cuando hoy escuchamos la palabra hospital nos vienen a la cabeza Vall d'Hebron, Bellvitge, Can Ruti..., grandes hospitales catalanes. La idea inicial no era la de curar, tal como acabamos de decir. Básicamente era socorrer, ofrecer asistencia, ofrecer hospitalidad. De ahí viene la palabra.

Los hospitales, tradicionalmente, cuando nos centramos siempre en el mundo medieval, acostumbran a ofrecer un lugar en el que, además de socorrer y proporcionar alimento, también se pueda dormir, se pueda pernoctar; en el que, obviamente, a menudo sus usuarios solían ser personas enfermas y que, por tanto, también podían permanecer allí hasta recuperarse. Pero, entonces, volvemos a la propuesta de la Almoina. ¿Por qué precisamos que era una Almoina? Porque el objetivo principal de este hospital era proporcionar una ración alimentaria, además de alojamiento.

¿Hasta qué punto estos hospitales que se iban creando eran también herramientas de cohesión social y de organización urbana dentro de la ciudad medieval?

Pues, desde el punto de vista social se consideran unas instituciones absolutamente fundamentales, porque el objetivo principal es ofrecer una alternativa; es decir, un socorro a personas necesitadas. Estamos hablando, como los documentos las denominan, de miserables, a menudo de personas marginadas, de colectivos que deambulaban por la ciudad, colectivos que no siempre eran bien vistos, colectivos que no tenían sus propias redes de solidaridad, que, por ejemplo, sí podía tener cualquier otra familia que permaneciera unida y dispusiera de una cierta solvencia económica. Por ejemplo, en los hospitales medievales no veremos de manera general a los reyes, ni a los nobles, ni a los grandes mercaderes, porque si tenían algún tipo de necesidad, especialmente de carácter médico o sanitario, ya recibían atención doméstica. En cambio, todos los demás colectivos que podían ser personas sin hogar, como diríamos hoy, que podían estar en la calle y que no tenían una alternativa, encontraban en los hospitales su lugar de socorro.

Por tanto, la función que desarrollan desde el punto de vista social es fundamental. Y esto también se aprecia en la documentación, porque a menudo los órganos municipales presumen de los hospitales de las ciudades, porque no deja de existir una especie de barómetro que permite captar la temperatura social; es decir, incluso también visualmente y en el propio paisaje urbano, que tenga una apariencia correcta y en la que estos colectivos miserables puedan estar mínimamente controlados.

Uno de los episodios más impactantes, que también explicó en la ponencia que pronunció en las Jornadas de Basílicas Históricas, es la destrucción del barrio de la Ribera para construir la Ciudadela después de la Guerra de Sucesión. ¿Qué significó esto para los vecinos y para instituciones como el hospital de Desvilar?

Bien, la destrucción del barrio de la Ribera es un drama, es una amputación; es decir, cercena una parte muy importante de la ciudad y era el lugar donde, efectivamente, se encontraba el hospital de Desvilar. Su ubicación exacta es muy difícil de indicar, pero más o menos, para aquellos que puedan conocer Barcelona, estaríamos en una zona al final del Passeig de Lluís Companys, al inicio del parque de la Ciutadella.

El hospital de Desvilar desarrolló una función caritativa y asistencial durante muchos siglos, incluso después de participar en el proceso de fusión que dio lugar a la fundación del Hospital de la Santa Creu, en el año 1401, aunque el Hospital de Desvilar se había fundado en 1308 y en 1401 queda incorporado al de la Santa Creu. No desaparece, continúa funcionando en los términos que he explicado antes, pero efectivamente a partir de 1714 todo este barrio fue arrasado, el Hospital de Desvilar quedó destruido y, por tanto, no tenemos ningún vestigio arquitectónico ni arqueológico. Sin embargo, como la institución existía y tenía detrás un patrimonio y una estructura administrativa, la destrucción del edificio no supone el fin del Hospital de Desvilar, y eso es lo que motiva que se traslade a unos terrenos que habían sido propiedad del marqués de Sentmenat, en la antigua calle de la Riera de Sant Joan, muy cerca de la actual plaza Antoni Maura. Allí, por tanto, el Hospital de Desvilar vive una segunda vida, se construye un nuevo edificio con una basílica adjunta y continuará desarrollando una función también de carácter asistencial hasta finales del siglo XIX. Por tanto, fue un hecho completamente negativo, como para cualquier persona y vivienda que existiera en la Ribera, pero que, en este caso, hay que decir que no supuso el punto final, sino un punto y aparte en la historia del Hospital de Desvilar.

¿Qué valor patrimonial y simbólico tiene la fachada del recinto, que ahora mismo encontramos en el recinto del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona?

Bien, la fachada que conservamos es la fachada de la iglesia, esta basílica dedicada a Santa Marta. Por tanto, lo que serían las dependencias hospitalarias propiamente dichas y la propia iglesia han desaparecido completamente. Todo ello se produce, efectivamente, como consecuencia del proyecto de apertura de la Via Laietana. Este proceso de destrucción se sitúa a partir de 1909-1910, aproximadamente. Y realmente sorprende que en este proceso de nuevo desarraigo del conjunto hospitalario de Desvilar se destruyera todo.

¿Por qué no se destruyó todo y, en cambio, se decidió preservar la fachada?

Yo no tengo una respuesta precisa sobre el porqué de esta conservación selectiva, pero imagino que alguien en aquel momento, cuando se estaba derribando el edificio, debió poner el grito en el cielo y quizá alguien se dio cuenta y dijo que, ya puestos, se conservara la fachada. Y, efectivamente, lo que hicieron fue numerar piedra por piedra todos los elementos arquitectónicos y escultóricos de esta fachada, la desmontaron y la trasladaron a uno de los pabellones del recinto modernista de Sant Pau, diseñado por Domènech i Muntaner. Pero, en este caso, la intervención la llevaría a cabo su hijo, Domènech Roure, y, como mínimo, podemos hacernos una idea, podemos valorarla, aunque, obviamente, no tenemos la capacidad de conocer cómo era la iglesia por su interior, porque esta sí quedó destruida.

Por suerte, estamos hablando de una fachada del siglo XVIII y, como mínimo, es el único grano, la única migaja que nos ha quedado de la dilatada historia del Hospital de Desvilar. ¿Podemos localizar esta fachada en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau? ¿Se puede ver?

Sí, sí, está en uno de los pabellones; si no recuerdo mal, creo que es el llamado Pabellón Central, quizá donde antiguamente había estado la cocina, me parece. Una visita a este extraordinario conjunto, patrimonio de la UNESCO, es absolutamente indispensable para cualquier barcelonés, cualquier catalán y cualquier persona que ame la historia y la cultura de nuestro planeta. Paseando por los jardines, se llega a un pabellón, en la parte más alta, podríamos decir, de lo que puede visitarse y, efectivamente, se puede disfrutar de esta magnífica fachada.

Antoni Conejo, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, muchas gracias por todo esto que nos has explicado, muy interesante, y sobre todo por tu ponencia en las Jornadas de Basílicas Históricas de Barcelona.

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