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Ricard Mejía: “En Magnifica Humanitas, León XIV habla de revolución, de algo disruptivo; considera que la Iglesia no puede mirar a otro lado”

22 Junio 2026
Ricard Mejía: “En Magnifica Humanitas, León XIV habla de revolución, de algo disruptivo; considera que la Iglesia no puede mirar a otro lado”

El Dr. Ricard Mejía-Fernández analiza la primera encíclica del papa León XIV, a quien qualifica de “referente no solo en la IA, sino en la defensa del multilateralismo, de la dignidad de la persona y de la paz”.

La publicación oficial de la encíclica Magnifica Humanitas, la primera del papa León XIV, no ha pasado desapercibida para la opinión pública. Se ha convertido en una noticia de alcance mundial, y la sensación general es que ha sido muy bien recibida. La voluntad del pontífice era situarse dentro de la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia para afrontar los desafíos tecnológicos contemporáneos y lo ha conseguido. Las tres grandes ideas que desarrolla el texto son que la técnica puede estar al servicio del desarrollo humano, pero que no se la puede considerar moralmente neutra. También alerta sobre la concentración del poder tecnológico. Y, finalmente, apunta a que es necesario salvaguardar la dignidad humana como bien supremo.

El profesor Ricard Mejía-Fernández, doctor en Lógica y Filosofía de la Ciencia y secretario académico de la FFC (AUSP), analiza y pone en valor esta encíclica.

¿Cómo debemos valorar la encíclica Magnifica Humanitas?

Es una aportación totalmente nueva. Estamos hablando de la primera encíclica dedicada monográficamente a los desafíos de la inteligencia artificial. Y, sin duda, un documento de este rango magisterial, que es Magisterio Ordinario Pontificio, es bastante relevante.

¿Por qué tiene una importancia histórica? ¿Se sitúa al nivel de la Rerum Novarum, que escribió su predecesor León XIII?

Yo pienso que sí, porque el papa es consciente de que la época que vivimos actualmente, marcada por la IA, no es una época cualquiera. Estamos ante un cambio radical de nuestras vidas y de la sociedad. Igual que León XIII, en aquel momento, era consciente de que la primera Revolución Industrial lo cambiaría todo. Y, de hecho, León XIII, en la Rerum Novarum, tuvo bastante oposición, incluso por parte de la Iglesia. Y yo creo que también habrá una cierta discrepancia interna en la Iglesia, por el hecho de que se trata de una encíclica tan avanzada.

¿Por qué la encíclica da un paso más allá de lo que hizo Francisco? León XIV habla de “revolución digital”, como comentabas antes...

Precisamente, este es un punto importante. El papa Francisco, que firmó la nota doctrinal Antiqua et nova, de la Iglesia católica coeditada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación en enero de 2025, hablaba de cambio de época, en algunas alocuciones. Pero ahora León XIV habla de revolución; por tanto, estamos hablando de algo disruptivo, de algo radical. Yo creo que el papa es consciente de ello y, además, ha dicho que la Iglesia ya no puede mirar hacia otro lado, y que debemos acoger estas nuevas tecnologías como una oportunidad de evangelización. Y en eso, sin duda, va mucho más allá que Francisco.

También habla de transhumanismo...

Sí, y en este punto el papa es muy abierto, en el sentido de que no condena indiscriminadamente el transhumanismo, sino que dice que el problema no es tanto el uso en sí de la técnica, la técnica en sí, sino más bien la visión de fondo, las narrativas de fondo. Utiliza esta expresión. Que si están inspiradas en principios y valores cristianos y humanistas, entonces puede cambiar su calificación moral y, por tanto, su aceptación.

Y lo hace con un tono muy positivo y constructivo. Eso siempre es de agradecer, ¿no?

Totalmente, un tono positivo, y un tema que hay que remarcar es cómo defiende el diálogo con las ciencias humanas, cómo defiende el progreso. Un progreso, ciertamente, en sintonía con la tradición de la Iglesia. No hay ruptura, es un progreso siempre al servicio del bien integral de la persona y de la sociedad. El texto es profundamente humano.

El papa dice que, aunque la inteligencia artificial pueda ayudar en muchos campos, no podrá sustituir aquello esencialmente humano, como el amor o la gracia de Dios. Efectivamente. Lo que dice es que se trata de una propuesta en sintonía con un humanismo cristiano, utiliza esta expresión, con una antropología de la vulnerabilidad, de la fragilidad y del límite. No solo de lo humano, sino que habla de lo más que humano.

Ha habido algunas críticas colectivas que han dicho que se centra demasiado en el hombre. ¿Es así?

Habla de lo más que humano. Los números 1 y 2 de la encíclica hablan de Jesucristo como el fundamento de todo, de nuestra vida y de la tecnología. Y más que humano, la gracia. La gracia es absolutamente insuperable.

¿Cómo debemos afrontar esta revolución digital?

Yo creo que el papa da pistas. El papa nos está diciendo que, a partir de ahora, la vida eclesial debe hacerse esta pregunta que tú mismo planteas. La pastoral: ¿cómo hacemos nuestra organización, tanto en estructuras diocesanas como en planes pastorales, conforme a este desafío? Incluso las pequeñas comunidades, las parroquias: ¿cómo organizamos nuestras catequesis, la predicación? ¿Tenemos en cuenta este reto? ¿Tenemos en cuenta que nuestros jóvenes pasan la mayor parte de su tiempo conectados? ¿Tenemos en cuenta esta hiperconexión? Yo pienso que, a partir de ahora, la pastoral de la Iglesia estará orientada por este desafío.

Ante este momento, con la IA, ¿en qué situación se encuentran los más vulnerables?

Creo que estamos en un momento muy delicado. Creo que el papa, el hecho de que haya hecho una encíclica sobre la IA, dentro del contexto de la Doctrina Social de la Iglesia, nos dice que no puede haber un verdadero progreso tecnológico al margen del progreso de la humanidad, al margen de los derechos humanos, al margen de la dignidad y, sobre todo, del bienestar de los más vulnerables. Una de las cuestiones que aparecen aquí, de la que ya habló Francisco en Laudato si’, es el peligro de una tecnocracia que olvide las necesidades de los más pobres, de aquellos que tienen convalecencias físicas y psíquicas. Es decir, está claro que hay que invertir mucho en la IA, pero siempre pensando en el principio de subsidiariedad, que los recursos deben distribuirse de manera que las personas que tienen dificultades económicas y de salud puedan ser atendidas.

¿Por qué esta encíclica, Magnifica Humanitas, es un texto de lectura obligada, tanto para creyentes como para no creyentes?

Yo creo que es de lectura obligada porque hasta ahora no había existido un texto reflexivo, no solo normativo —porque una encíclica lo es a nivel de fe—, sino reflexivo, desde un punto de vista tan amplio como este texto. Hasta ahora lo que hay son discursos principalmente apocalipticistas, distópicos, por parte de magnates tecnológicos que hablan de la tecnología como aquello que nos salvará absolutamente de todo y que nos hará absolutamente felices, que son los transhumanistas.

Y este texto aporta cordura, aporta un principio de prudencia muy importante. Y yo creo que ya no solo en las universidades católicas, sobre todo en Estados Unidos, donde se trabaja la IA, sino también a nivel civil. Yo conozco a personas del ámbito civil que ya la están leyendo. La IA inspirará no solo el presente, sino también el futuro.

Con la publicación de la encíclica, la visita a Cataluña del papa León cobra todavía más interés, supongo. Actualmente, ¿podemos decir que nos encontramos ante el indiscutible líder mundial?

Sin duda. Esta es una cuestión que yo creo que se ha notado claramente en la geopolítica internacional, que cada vez está más desestabilizada, y el papa ha sido firme ante todo tipo de presiones que ha recibido y de críticas de líderes con muchísimo poder. Pero está claro que el papa tiene una voz que no tienen otros líderes y tiene un poder de convocatoria que otros no tienen. Y eso lo convierte en un referente ya no solo en el tema de la IA, sino en la defensa del multilateralismo, que es más necesario que nunca en este momento, y, evidentemente, de la dignidad de la persona y de la paz.

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