Albert Cortina: "el transhumanismo amenaza la democracia y la dignidad humana"
Hablamos con Albert Cortina, experto en ética aplicada y humanismo tecnológico, sobre las implicaciones sociales, políticas y éticas del transhumanismo en el mundo actual.
Barcelona, noviembre de 2025. El pasado miércoles 26 de noviembre tuvo lugar, en el marco de la 4ª Hora del miércoles, una ponencia enmarcada en el transhumanismo, desde un punto de vista cristiano. El profesor de la Universidad Internacional de Cataluña y experto en ética aplicada y humanismo tecnológico, Albert Cortina, coautor del libro Una mirada al transhumanismo desde la Teología, trató las implicaciones políticas y sociales del transhumanismo. Concretamente, tituló su exposición: "Dimensión social, económica y política del transhumanismo", que resume a partir de estas tres preguntas:
El transhumanismo pretende utilizar el poder para expandirse. ¿Qué consecuencias tiene?
El transhumanismo es una ideología, un movimiento. Entonces, como toda ideología o movimiento, pretende ocupar el poder. Podemos verlo desde otras vertientes: filosófica, teológica..., pero la que nos ha interesado, al menos a la que yo he aportado al libro ya la exposición, es: qué relación tendrá esta bioideología con el biopoder -que se llama ahora-. Esto significa cómo nos organizamos como sociedad, qué consecuencias tendrá, las más claras que ve la gente de a pie: la relación con el trabajo. ¿Cómo será esa automatización, esa emergencia de la inteligencia artificial, que en breve será más genérica, más parecida, dicen, a la humana? Y, por tanto, todas estas consecuencias, a menudo no son suficientemente valoradas por este movimiento. El otro es, si al final es un movimiento individualista, pero que pretende el control de estos individuos para realizar una gobernanza mundial. Si en su visión está la progresiva eliminación de la democracia y, al final, estamos yendo hacia un cibertotalitarismo o, como algunos han hablado, una organización del poder a partir de los expertos, lo que sí ya estamos viendo es que las grandes potencias regionales, China, Asia, Occidente, Estados Unidos, Europa... ven que todas estas a cultura de la ”mejora” humana o como visión de futuro, como he dicho, política y económica, es una lucha, una lucha de poder global . Y muchas veces creemos que es sólo una buena lucha del progreso científico por mejorar la medicina o por mejorar el conocimiento, pero no debemos ser ingenuos. También, detrás, existe una batalla de hegemonía, de potencias, donde la nueva herramienta no es sólo una herramienta de producción, sino herramientas, instrumentos tecnológicos de guerra y de conflicto. Lo estamos viendo recientemente con las guerras que se están llevando a cabo: estas tecnologías se convierten en muy peligrosas y contrarias al desarrollo integral del ser humano, la convivencia, la libertad, la dignidad humana, la justicia y la paz.
¿Y qué ocurrirá con quienes no se puedan adaptar?
Desde la Doctrina Social de la Iglesia siempre hemos estado procurando por el bien común, por esa preocupación, para que no se agraven las desigualdades, por el mundo de las personas con discapacidad. Todo esto, con la idea de “mejoramiento” humano que tiene el transhumanismo, que es una idea eugenésica y del superhombre, de quienes tienen más capacidades, esto es un peligro, un reto, que se nos pone delante. O sea, esta transformación tan importante y sin límites éticos, que comporta no sólo la visión transhumanista, sino también el paradigma tecnocrático, como le llamaba el Papa Francisco, puede acelerar una cultura del descartar, es decir, que las antropotecnias nos hagan obsoletos. La solución que proponen los poderes globalistas es la renta básica universal. Sin embargo, lo que desde el humanismo cristiano defendemos es que todo el mundo tenga acceso al trabajo y, por tanto, a desarrollar su dignidad como persona desarrollando un trabajo digno, que es la forma de dar sentido a la vida de dotarla de un propósito. Si tienen sólo una renta básica mínima mucha gente se quedará detrás, descartado, obsoleta. Desde una visión cristiana, esto es lo que debemos impedir de todas, todas.
¿Qué debemos hacer, pues, para no llegar a ese peligroso escenario?
Es necesario profundizar en la belleza de las propuestas del humanismo cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia, que pone en el centro a la persona, lo que es políticamente la idea del bien común, la dignidad, la libertad, la justicia; es decir, las grandes virtudes, que el cristianismo ha aportado y sigue aportando. Porque parece que en esta etapa de asimilación, con unos valores seculares, no nos atrevemos a mostrar el gran tesoro que ofrece el cristianismo a la civilización, también a la civilización biotecnológica.
Yo creo que en una etapa de confusión como la actual, es hora de exponer con claridad la necesidad de un humanismo avanzado integral, de poner sobre la mesa nuestra propuesta desde el humanismo cristiano y la Doctrina Social de la Iglesia, y no de mimetizarnos con un cierto transhumanismo. No podemos dejar seducir por los cantos de sirena de esta bioideología. La cristiana y la transhumanista son unas antropologías muy distintas. Por tanto, hay que profundizar en la visión, repito, del humanismo cristiano, no de un transhumanismo que se podría llamar cristiano o poscristiano. Yo creo que el papa León XIV nos propondrá en próximos documentos una mirada cristiana a toda esta problemática que ahora hemos dicho: del trabajo, del mundo de la organización social, de la democracia, del progreso, actualizada en el siglo XXI, con todos estos grandes retos que hasta ahora no habíamos encontrado. Seguramente, pronto tendremos una encíclica o unos documentos de la Iglesia, que nos den luz y magisterio sobre cómo los cristianos debemos afrontar estos retos de las sociedades biotecnológicas, aportando la visión ética cristiana en un debate y en un diálogo a nuestras sociedades plurales, sin mimetismos y sin complejas, aportando la tiempo hipertecnológicos.
Fallece el Dr. Josep Perarnau, reconocido teólogo e historiador, profesor emérito de la Facultad de Teología de Cataluña