"El funeral de Gaudí fue el de mayor impacto ciudadano en Barcelona"
El cortejo fúnebre de Antoni Gaudí, que tuvo lugar el 12 de junio de 1926 por las calles de Barcelona desde el Hospital de la Santa Cruz a la Sagrada Familia, fue seguido por más de 30.000 personas de toda condición social. Fue junto con el de Mn. Jacint Verdaguer, posiblemente, el funeral con mayor impacto ciudadano en la capital de Catalunya.
El profesor de la Universidad de Girona Joaquim Maria Puigvert protagonizó una de las intervenciones más esperadas del Congreso Gaudí Art, Bellesa y Misterio. Concretamente, su comunicación la tituló "El funeral de Antoni Gaudí", en la que analizó todo lo que rodeó el entierro del arquitecto, visto como un fenómeno social, cultural y político. El recorrido, las personas que llevaban el féretro, el ramo de Ginesta... Para conocer cómo fue este funeral conversamos con el profesor Joaquim Maria Puigvert.
¿Gaudí era tan conocido socialmente que hacía prever una respuesta como la que se produjo en su funeral?
Sí, yo creo que sí; y no lo digo yo sólo, sino que lo dicen otros muchos autores. En torno a Gaudí se había ido creando un mito desde mucho tiempo antes de morir. Era el del arquitecto solitario, obsesionado con la Sagrada Família, que hasta 8 meses antes de su muerte vivió en la Sagrada Família. Vivía como un pobre. Sólo estaba al servicio de la causa, de la construcción del templo. Esto le creó un aura de arquitecto visionario, de arquitecto entregado a la causa de la Sagrada Familia, de arquitecto que vivía de forma muy austera y pobre. En París, en 1910, se puso en exposición sobre Gaudí. La Sagrada Família ya formaba parte de las rutas turísticas de la Barcelona de los años 20. En 1925, cuando terminó el primer campanario de la fachada del Nacimiento, fue un momento en que se dio a conocer y se valoró la proyección del arquitecto Gaudí. Por tanto, cuando murió ya era muy conocido y admirado.
Quien organizó el funeral y qué recorrido hizo
El funeral lo organizó, en todo momento, la Junta del Templo. Tuvo un liderazgo clarísimo. El Ayuntamiento de Barcelona se ofreció a pagar el funeral. La Junta le agradeció, pero no quiso que lo hiciera. La Junta fue muy celosa de su autonomía, porque quería garantizar que las disposiciones testamentarias de Gaudí se cumplieran. Aquellas disposiciones ponían mucho énfasis en la austeridad del funeral, que no hubiera flores. En los grandes funerales, según las coronas que llevan se podía comprobar el ranking en el que está la persona, de proyección pública. Pues Gaudí no quiso ni una corona de flores. La Casa de la Caridad de Barcelona le ofreció la mejor carroza fúnebre, pero la Junta también la desestimó. Trajo la carroza más sencilla. Tirada por dos caballos. Por tanto, toda una serie de indicadores... La Junta fue muy celosa en la organización y el liderazgo de estas exequias.
Litúrgicamente, por eso, fue muy cuidadoso...
Sí, incluso hubo la participación del Orfeó Català. Sí, efectivamente. Toda la liturgia pública y religiosa fue muy cuidada. Hasta el punto de que Carles Soldevila, un gran periodista y escritor de la época, escribió: "Ha sido un funeral exuberante desde un punto de vista litúrgico, en el que la música tuvo un protagonismo importante". Hay dos momentos en los que se crea un cierto clímax litúrgico musical, que es cuando el ataúd de Gaudí entra en la catedral de Barcelona, que formaba parte de este itinerario, y entonces, con los acuerdos del órgano de la catedral, y la comunidad de Canónigos, entonando el Subvenite y la capilla de música de la catedral. Éste fue un momento de esa exuberancia litúrgica musical de la que hablaba. Y el otro momento fue cuando el ataúd y el séquito mortuorio llega a la Sagrada Família. En ese momento hay una gran intervención del Orfeó Català, dirigido por Lluís Millet, interpretando el réquiem de Tomás Luis de Victoria, de 1605. La música para Gaudí también era importante. Y esta intervención de la música en el funeral entra en el ritual religioso que quería Gaudí.
¿Quién decide el recorrido?
Se encontraban grandes crespones negros en determinados edificios importantes en la vida y la obra de Gaudí por donde pasaba la comitiva fúnebre. El recorrido no simboliza, habla. Aquí sí hubo un cierto pacto de la Junta con el Ayuntamiento de Barcelona, por no interferir excesivamente la vida cotidiana de la ciudad. La capilla mortuoria se instaló en el propio Hospital de la Santa Cruz y sale de allí. El cortejo pasa por el interior del Patio del Hospital de la Santa Cruz, por la calle del Carme, también por la Rambla, por la calle Ferran, por la plaza Sant Jaume y, finalmente, llega hasta la Catedral. Con un gran significado, Gaudí iba a rezar a la Catedral, y habitualmente iba a la procesión del Corpus de la Catedral. Por tanto, se quiso también simbolizar este estrecho vínculo de Gaudí con la Seu, con la Catedral de Barcelona. Después, el recorrido continúa en dirección a la calle Caspe. En esa calle también hay un enclave muy potente, desde el punto de vista simbólico: cuando el cortejo mortuorio pasa por delante de la Escuela de los Jesuitas de Caspe -donde las campanas tocan a muerte-, que es una obra arquitectónica de Joan Martorell, el maestro de Gaudí. De hecho, Gaudí había colaborado directamente con Joan Martorell. También pasan por la Casa Calvet, la primera de Gaudí en el Eixample. Las crónicas dicen que vistieron la casa de luto, con una gran lazada negra que se puso en la fachada, simbolizando la tristeza por la muerte del arquitecto que la había creado. Después, el cortejo continúa hacia el Paseo de San Juan, y pasa por delante de otro gran templo de Joan Martorell, Les Saleses, el actual Colegio de los Maristas. Por tanto, este aspecto es importante.
Durante el recorrido se produjo un gesto simbólico...
Sí, a medida que se acerca el féretro al barrio de la Sagrada Família, el ambiente varía, porque no era un barrio tan burgués; era más obrero, más abierto. En las casas humildes se ven también crespones negros. Es destacable. Como también un muchacho vestido humildemente, según las crónicas de la época, que depositó un ramo de retama sobre el ataúd de Gaudí. Este gesto tenía un alto potencial simbólico. El funeral de Gaudí tuvo lugar durante la dictadura de Primo de Rivera y, evidentemente, la bandera catalana no podía estar presente, porque estaba prohibida. Gaudí destacó por su catalanismo, y la retama tenía un símbolo catalanista. Por tanto, era un aspecto importante, también. La movilización de las clases populares fue grande. Gaudí trabajaba y colaboraba con todos los obreros y con la gente del barrio, con hombres, mujeres, niños y niñas... que habían actuado de modelo para sus esculturas de la fachada del Nacimiento. Esto justifica la gran movilización del barrio.
¿Cuál fue la reacción de la prensa anticatólica, a raíz del funeral?
Éste es un aspecto relevante, porque de alguna manera hubo una gran participación eclesiástica: el representante del obispo, muchos eclesiásticos, la movilización de las escuelas de los Escolapios de Barcelona, porque Gaudí había sido un exalumno de los Escolapios, en Reus, su ciudad natal. Por tanto, una gran implicación de los eclesiásticos. Pero también, de modo especial, los sectores intelectuales de la Iglesia. En este sentido, Carles Cardó lo dijo de forma muy clara. Hubo un gran eco del impacto de la muerte de Gaudí. Fue una gran movilización de la intelectualidad católica. Esto también lo dicen las crónicas. Y que había muerto un santo. Un santo laico, un santo cultural... Gaudí encaja perfectamente dentro de este modelo de santo laico, de santo cultural. Y esto también se destacó. El músico Joan Llongueres también lo dijo: ha muerto un santo; y también habla de la reacción de la muerte de Gaudí. Fue una gran manifestación pública eclesiástica por las calles de Barcelona... en una sociedad, la catalana, de principios del siglo XX, que estaba secularizándose.
Sin embargo, los anticlericales aprovecharon la ocasión...
Barcelona era una ciudad con un movimiento anticlerical activo; la Semana Trágica de 1909 no quedaba tan lejos. Y esa manifestación y alarde litúrgico por las calles de Barcelona no les debió hacer mucha gracia. Pero incluso la prensa anticlerical, como La campana de Gràcia, se hizo eco del funeral. Había un personaje, masón y republicano, como Àngel Samblancat, quien dijo a la prensa que Gaudí era un formidable lírico y un formidable clerical. "Se pasa la vida masticando rosarios", escribió. Se llegó a decir: "Señor, que estás en el cielo, gracias por habernos dado a Gaudí, pero no nos envíes más arquitectos geniales". Era una mirada irónica y crítica propia de esa prensa anticlerical tan presente, y que también formaba parte de la cultura republicana de la ciudad
Documentadas las últimas novedades de la arquitectura pública de época visigoda en Hispania, con la colaboración del AUSP