Jaume Fontbona: "Es el momento del laicado, y sobretodo de las mujeres, que puedan doctorarse, licenciarse en liturgia"

El presidente del Centro de Pastoral Litúrgica (CPL) explica porqué concediran becas a mujeres para estudios de grado y máster en el Instituto de Liturgia ad instar facultatis (AUSP).
El Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona (CPL) ha convocado una beca de estudios de liturgia para potenciar, preferentemente, el acceso de la mujer a la formación litúrgica.
Es una beca abierta a toda la comunidad eclesial y cubre los estudios de grado y de máster del Instituto de Liturgia ad instar facultatis del Ateneu Universitari Sant Pacià. La beca subvenciona la matrícula para el ciclo como alumno ordinario.
El Dr. Jaume Fontbona, presidente del Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, explica en esta entrevista cuáles son las condiciones que deben cumplir las mujeres que quieran optar a estas becas.
¿Por qué el Centro de Pastoral Litúrgica decide fomentar los estudios de liturgia entre las mujeres?
Porque creemos que la reforma que promueve el Concilio Vaticano II debe seguir actualizándose y concretándose, y consideramos que nosotros podemos prestar este servicio potenciando esta futura Facultad de Liturgia, ayudando mediante becas, sobre todo a mujeres. A menudo, uno no se anima a estudiar por falta de recursos, y deja de poder realizar un grado o bachiller en liturgia, o el máster en liturgia, y más adelante también el doctorado en liturgia.
¿Cuáles son las condiciones que deben cumplir las mujeres que quieran optar a esta beca?
En principio, deben presentar una solicitud por escrito y cumplir los requisitos académicos para matricularse como alumnas ordinarias, porque otra cosa es el alumno extraordinario o el oyente. Lo que aquí queremos es que puedan obtener un título de bachiller, licenciada o doctora en Liturgia. También se pide que finalicen los estudios que se han comprometido a realizar, que no comiencen un curso y luego lo abandonen. Es necesario que adquieran este compromiso: se exige que garanticen su finalización. También deben presentar un informe explicando por qué desean realizar estos estudios y quién las avala. De este modo no los dejarán a medias si no cuentan con una preparación mínima suficiente y con la capacidad para poder seguir unos estudios universitarios.
¿Actualmente la liturgia despierta poco interés entre las mujeres?
Ciertamente, en el ámbito de la docencia sí, porque no hay referentes femeninos, como pueden ser profesoras o expertas en liturgia, aquí en Cataluña. Aunque en otras facultades de Europa sí hay profesoras de liturgia. En nuestra futura Facultad de Liturgia creemos que faltan mujeres que puedan ser profesoras, y por eso ofrecemos esta beca. También nos gustaría que en los equipos de liturgia parroquiales o en las delegaciones de liturgia de las distintas diócesis con sede en Cataluña hubiera mujeres preparadas en liturgia, con licenciatura o, como mínimo, con el grado o bachiller en liturgia.
El alumnado actual del Instituto está formado básicamente por hombres —seminaristas, religiosos y presbíteros—, porque la presencia de mujeres es inexistente. ¿Por qué es necesario el papel de la mujer dentro de la liturgia?
Porque creemos que es importante que la mujer tenga igualmente un protagonismo en todo lo que supone la preparación, y también en la mistagogía de las celebraciones litúrgicas, y que no se vea que esto es solo cosa de sacerdotes y religiosas, porque precisamente la mayoría del alumnado son religiosas —pocas, ciertamente—, y básicamente sacerdotes o futuros sacerdotes.
Barcelona es una ciudad muy ligada a la liturgia. ¿Por qué históricamente ha sido así?
Los seminaristas, en Barcelona, en su momento, tuvieron la influencia, por las lecturas que hacían y que venían de Francia, de todo el interés por el Concilio Vaticano II. Por tanto, se siguió mucho. Y también había muchos profesores que en aquel momento estaban igualmente muy interesados en el Vaticano II. También hubo obispos que ayudaron mucho, como por ejemplo el de Solsona, Vicente Tarancón; el de Girona, Narcís Jubany, que después ambos fueron cardenales; e incluso el que entonces era de Segorbe-Castellón y que después fue a Tarragona, Pont i Gol. Todo ello hizo posible que muchos seminaristas se interesaran por la liturgia. Vieron que comenzaba a ponerse en práctica el Vaticano II y que una de las cuestiones principales era la reforma litúrgica: la gente podía participar activamente en la liturgia; no se trataba de ser meros espectadores o de una cuestión devocional. Entonces, algunos de estos alumnos llegaron a ser profesores y crearon el Centro de Pastoral Litúrgica, en el año 1958.
Precisamente Barcelona cuenta actualmente con el único Centro de Pastoral Litúrgica de Europa... ¿Qué significado tiene?
Eso significa que tenemos, por un lado, una cierta responsabilidad, aunque no fuimos el primero ni el único. Ahora sí hemos quedado como el único, y eso también nos anima a potenciar la recepción de la reforma del Vaticano II, sobre todo de la gran Constitución sobre la Sagrada Liturgia, que es la primera y la que promovió la reforma litúrgica, y que también el Papa Francisco, en la Carta Apostólica Desiderio desideravi, dejó bien claro que debía potenciarse, sobre todo con el laicado.
No deja de ser sorprendente que en la Cataluña actual, tan secularizada, haya habido algunos de los mejores intelectuales cristianos de Europa. ¿Por qué se ha producido esto?
Yo creo que se ha producido precisamente por este contacto con el mundo francófono donde existía todo este despertar, y que también ayudó mucho en todo el proceso del movimiento litúrgico. Aquí, por ejemplo, en Montserrat se celebró un congreso litúrgico. El propio Antoni Gaudí también vivió este impulso, por decirlo así, de ponerse al día. Esto acabó desembocando en la convocatoria del Concilio Vaticano II. Quien ayudó muchísimo también fue el Monasterio de Montserrat. Aquí teníamos gente muy preparada. Me gustaría citar a Pere Lluís Font, que falleció hace poco, también al P. Miquel Batllori, al obispo Pere Tena y a otros intelectuales que hemos tenido; biblistas...; también hemos tenido a Jordi Sánchez Bosch, y actuales como Armand Puig o Agustí Borrell; hemos tenido al P. Josep Oriol Tuñí, al P. Pius-Ramon Tragan, al P. Guiu Camps... Esto provocó que en la Facultad de Teología tuviéramos buenos profesores bíblicos, y también teólogos. Y a partir de ahí también buenos liturgistas. Se creó el Instituto de Liturgia, que después, con la importancia que ha ido adquiriendo, sobre todo de cara no solo a Cataluña sino también al mundo latinoamericano, está en proceso de convertirse en facultad. De hecho, estamos actuando como si ya fuera una facultad: podemos ofrecer el doctorado en Liturgia o la licenciatura en Liturgia.
¿Cuál es el estado de salud actual de la liturgia y de la intelectualidad cristiana?
Bien, la facultad de liturgia está en proceso de expansión; por eso también se ha ofrecido el grado, o lo que llamaríamos el bachiller en liturgia, o grado en liturgia. De cara al laicado de todas las parroquias y diócesis con sede en Cataluña, estaría muy bien que en cada parroquia o en cada comunidad pastoral, en los equipos de liturgia y también en las delegaciones episcopales de liturgia, hubiera más laicos y, en este caso especialmente, mujeres, preparadas en liturgia.
Debemos decir que no tenemos tantos intelectuales como antes, porque también el hecho de que esto dependiera mucho del clero, y ahora este haya disminuido, hace que haya poca gente que pueda dedicar más horas al estudio. Por eso ahora es el momento del laicado y, sobre todo, de las mujeres, para que puedan doctorarse y licenciarse en liturgia.


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