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Joan Garcia del Muro: "La indiferencia, nuestra falta de ética, es uno de los problemas de la sociedad actual"

27 Marzo 2026
Joan Garcia del Muro: "La indiferencia, nuestra falta de ética, es uno de los problemas de la sociedad actual"

Entrevista a Joan Garcia del Muro.

El miércoles 25 de marzo tuvo lugar un diálogo a raíz del tema “El auge de la indiferencia” entre los profesores de Filosofía de la AUSP Andreu Grau y Joan Garcia del Muro, moderados por el decano de la Facultad de Filosofía, Ignasi Fuster. Durante el acto, enmarcado en "La 4a hora del miércoles", se presentó también el libro Los invitados de piedra. Un ensayo sobre el auge de la indiferencia (Eumo), del profesor de la Facultad de Filosofía de la AUSP Joan Garcia del Muro. En esta obra, el profesor de Ética y de Historia de la Filosofía Medieval razona sobre que la indiferencia se está extendiendo claramente en nuestra sociedad. Repasamos con él algunas de las cuestiones que se pusieron en común en el acto, que de alguna forma quedan reflejadas en su libro.

¿Es la indiferencia uno de los problemas de la sociedad actual?

Yo diría que indiscutiblemente sí. Es uno de los rasgos que caracteriza nuestra ética contemporánea o, más bien, nuestra falta de ética o la anestesia contemporánea. Uno de los rasgos característicos de nuestro tiempo es que nos hemos hecho la idea de que ser indiferente es una fortaleza, es algo que debemos perseguir. Es como si se nos obligara a ser felices y que el sufrimiento de los demás o los problemas de los demás son como un obstáculo o un obstáculo para ese bienestar. Es como si viviéramos en un estado de happycracia y, por supuesto, ponerte en el lugar del otro o sufrir con el otro es algo que interfiere. Es curioso, paradójico, pero me parece que en nuestro mundo éste es uno de los rasgos que lo caracterizan.

¿Qué mensaje transmite la indiferencia?

Esto es muy importante. La indiferencia parece ser neutralidad. Si yo estoy delante de una injusticia y no intervengo, parece que en realidad no apoyo ni a uno ni a otro; parece ser neutralidad. Pero yo creo que éste es un falso mensaje. La indiferencia, en el fondo, lo que hace es posicionarte a favor de quien comete la injusticia. El mensaje, claramente, si hay un verdugo y una víctima y tú pasas por allí y no haces nada, el mensaje que transmites, clarísimamente, es de apoyo al verdugo, al que comete la injusticia.

Empatía versus compasión. ¿Desconfías de la empatía, Joan?

Yo creo que la empatía es positiva, es necesaria, incluso, pero quizá el problema es que hoy en día lo estamos convirtiendo en el criterio moral último, y la empatía no puede serlo, porque la empatía es una emoción, y como emoción es totalmente sesgada, es injusta, es arbitraria. Sentimos mucha más empatía por los que están cerca de nosotros, por los que tienen los ojos del mismo color que los nuestros, que quizá por los demás, que probablemente son los que más necesitarían nuestra empatía. O sea que yo desconfío de ella como criterio último. Debemos sentirlo, pero a la hora de fundamentar una actuación creo que lo necesario es algo más que el sentimiento fugaz de la empatía.

En el libro hablas de tribalismo exacerbado, que se convierte en tribalismo moral. ¿Cómo lo razonas?

Ésta es otra de las paradojas de nuestro tiempo. Vivimos en un mundo globalizado, donde parece que podemos acceder a la información que nos viene de cualquier sitio, de todo en todas partes, pero me parece que existe como una especie de tribalismo epistemológico –yo lo llamo así-, que significa que ha desaparecido la idea de verdad. Vivimos en el tiempo de la famosa posverdad, que significa que ya no existe una verdad objetiva, sino que parece que la verdad es como una más de las mercancías que yo puedo comprar. Yo me quedo con la que más me guste, con la que me haga sentir mejor, y en el fondo me quedo con la verdad de los míos.

Las redes sociales, por ejemplo, son un ejemplo de cómo funciona esto. No las responsabilizo de este fenómeno, pero se ve claramente que a mí me llega lo que me hace sentir bien, y en el fondo la verdad se convierte casi en un asunto de tribu, de poder. Todo lo que viene de los míos considero que es verdad, y todo lo que viene de los demás ya no me importa, ya no me interesa, lo ignoro cada vez más. Y respondiendo a la pregunta: creo que desde este tribalismo epistemológico es muy fácil saltar a un tribalismo moral, que es lo que es verdaderamente grave. Como no los conozco, al existir ignorancia, es campo respaldado por los prejuicios y sobre todo, incluso, por el odio, por el asco... O sea que la consecuencia de estos tipos de burbujas epistemológicas que hemos ido creando es eso, que moralmente nos sentimos comprometidos o implicados con los que están dentro de la nuestra, pero no con los que quedan fuera.

¿La indiferencia nos hace inocentes?

Ésta es, creo, una de las grandes mentiras de nuestro tiempo. La indiferencia nos hace, como antes comentaba, siempre culpables. La indiferencia te hace sentir la sensación de cómo yo no hago la maldad ésta que estoy contemplando, yo en realidad no soy responsable. Entonces, nosotros mismos nos vamos muchas veces autoengañando para convencernos de que esa no intervención, esa no acción, nos hace inocentes, no nos hace culpables. Los argumentos típicos son que yo no soy responsable de lo que está pasando o que yo tampoco puedo solucionar este problema tan grande o que ese que está sufriendo esto habrá hecho algo, porque de alguna manera se lo merece o que a mí no me podría pasar. O sea que hay como una especie de argumentos evasivos que quieren convencerte de que tu no intervención, que no ves lo que ves, de alguna manera te hace inocente. Pero yo creo que son autoengaño y, por tanto, culpable

La filosofía ayuda a pensar, pero parece que el sistema educativo actual la deja a un lado. ¿Por qué no quiere estimularse, premiar el pensamiento?

Es triste esto, y sobre todo para quienes nos dedicamos desde hace muchos años a la enseñanza de la filosofía, que aquí en Cataluña, con la nueva ley educativa, la LOMLOE, en el articulado de la ley, en la introducción, se habla mucho de pensamiento crítico, de estimular el pensamiento crítico, pero estas buenas palabras no se traducen después en cosas concretas, sino más. Parece que debemos decirles a los alumnos cómo deben sentirse en cada momento, qué es lo que deben sentir, pero no que se estimule su pensamiento.

Yo, como profesor de filosofía, siempre he creído que mi principal responsabilidad es ayudar a los chicos a descubrir el valor inmenso del pensamiento propio. Y parece que con esta nueva ley nos hemos quedado sin los espacios que estaban específicamente dedicados a esto, como la asignatura obligatoria de ética y filosofía de 4º de ESO, que la han sacado.

¿Y cómo deberíamos tratar al otro, el diferente? La filosofía puede ayudarnos a razonar ya pensar en cómo tratar al otro, ¿no?

Sí, sí, exacto, está muy ligado a lo que decía. Para entender la alteridad hay que pensar y pensar con rigor. En el mundo en el que viven nuestros jóvenes, que es un mundo virtual, donde parece que casi el otro pasa a formar parte de un decorado o de una realidad virtual, hay que ayudarles a descubrir esto: que el otro tiene un valor en sí mismo y que no podemos confundirlo sólo con un objeto de nuestro mundo o con un decorado de lo que nos está pasando, sino que la alteridad es fundamental.

Esto, los grandes pensadores del siglo XX lo han tratado muy a fondo, y yo creo que es uno de los déficits de nuestra sociedad actual. Parece que el mensaje que les llega a nuestros jóvenes a través de muchos medios es... prescinde de los demás. Todo lo que te afecte negativamente debes olvidarlo... Es como si lo que se está exacerbando es el individualismo e incluso el narcisismo. Lo sé tú mismo y olvídate de los demás. Y creo que es un camino muy, muy equivocado. El valor del otro es fundamental en nuestra cultura y humanos.

¿En qué puede ayudarnos tu libro Los invitados de piedra, un ensayo sobre el auge de la indiferencia?

Bien, mi intención no es ofrecer respuestas, o al menos respuestas muy cerradas. Simplemente quisiera sacudir un poco la conciencia. Por eso hablo de muchos ejemplos concretos, muchos casos, para ayudar al lector a descubrir que el camino éste de entender y valorar cada vez más la indiferencia, incluso como una virtud, me parece que es un camino equivocado. Entonces quisiera conseguir que el lector se plantee el tema de la indiferencia desde una perspectiva algo diferente a la que nos llega por la mayoría de medios de comunicación

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